Consecuencias negativas de botar alimentos

La pérdida y el desperdicio de alimentos tienen un impacto negativo en el medio ambiente. Muchos alimentos se pierden o desperdician a lo largo de toda la cadena alimentaria, desde la producción agrícola hasta el consumo final en los hogares.

En países en desarrollo las mayores pérdidas de alimentos se dan en las primeras etapas de la cadena alimenticia, principalmente debido a problemas técnicos y de gestión para el almacenamiento, refrigeración y transporte; pero también, hay una gran cantidad de alimentos que se desperdician durante el consumo o que se tiran, incluso cuando aún están en buen estado, que es inaceptable. Las pérdidas de alimentos conllevan el desperdicio de recursos utilizados en la producción como tierra, agua, energía e insumos, por lo que producir comida que no va a consumirse supone emisiones innecesarias de CO2 que contribuyen al calentamiento global y cambio climático.

¿Cuántos alimentos se pierden y desperdician actualmente?

A nivel mundial, aproximadamente un tercio de las partes comestibles de los alimentos producidos para el consumo humano se pierde o desperdicia.  Esto incluye el 30% de los cereales, entre el 40 y el 50% de las raíces, frutas, hortalizas y semillas oleaginosas, el 20% de la carne y productos lácteos y el 35 % de los pescados. Según datos del Banco Mundial en América Latina la mayor pérdida de alimentos se da en los eslabones de producción y consumo. Con los alimentos que se pierden en la región sólo a nivel de la venta se podría alimentar a más de 30 millones de personas (el 64% de quienes sufren hambre en la región).

¿Qué hacer?

Propiciar inversiones en infraestructura y capital físico. La FAO (Organización de agricultura y alimentos de las naciones unidas) y el IICA (instituto interamericano de cooperación para la Agricultura) recomiendan mejorar la eficiencia de los sistemas alimentarios y la buena intervención del estado sobre el tema mediante marcos normativos, inversión, incentivos y alianzas estratégicas entre el sector público y privado.
A nivel individual, como consumidores debemos de mejorar nuestro comportamiento, debemos ser más conscientes en la selección y compra de alimentos. Por ejemplo, no debemos dejarnos llevar por los “estándares estéticos” que imponen los supermercados, sino debemos de seleccionar y comprar frutas y vegetales que tengan “imperfecciones”. También, se recomienda planificar las compras y comprar solamente lo necesario para evitar que los alimentos caduquen por falta de uso o inadecuado almacenamiento. Otro cambio de conducta propuesto, es no preparar ni llenar el plato con más comida de la que se es capaz de consumir y si se tiene comida en buen estado que ya no se desea consumir, es aconsejable donarla.

Además de esos comportamientos, debemos procurar modificar nuestra dieta a una más sostenible -para el ambiente-, por ejemplo, limitar el consumo de carne (la producción de 0.9 kg de carne emite 13 kg de CO2 y utiliza una gran cantidad de agua y tierra para su producción) y productos lácteos, y tratar que la base de nuestra alimentación sean las frutas, vegetales y legumbres. Tomando estas acciones estaremos sumando esfuerzos para alcanzar una nueva Agenda de Desarrollo Sostenible, el cual es, lograr la producción y el consumo responsable de alimentos.

Procuremos disminuir al mínimo la pérdida y desperdicio de alimentos, y sensibilicemos a otros sobre las implicaciones que las inadecuadas prácticas de consumo tienen en el medio ambiente.

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